La literatura oftalmológica no para. Blink tampoco. Cada semana, lo que realmente importa — analizado con criterio clínico.
Esta semana son ocho historias. La más transversal es la que abre: si tu paciente tiene una condición de dolor crónico, el riesgo de que desarrolle ojo seco en el próximo año es casi cinco veces mayor — y probablemente no te lo va a mencionar espontáneamente. Empezamos por ahí.
1. El dolor crónico multiplica por cuatro el riesgo de desarrollar ojo seco
¿Por qué cambia el juego? Si tu paciente tiene una condición de dolor crónico, el riesgo de que desarrolle enfermedad de ojo seco en el próximo año es casi cinco veces mayor que el de un paciente sin esa condición. Un estudio con más de un millón de pacientes emparejados por puntaje de propensión encontró una incidencia de ojo seco del 3,34% al año en pacientes con dolor crónico, frente a 0,72% en controles — un riesgo relativo de 4,64. A los tres años, la brecha se mantiene: 7,16% frente a 1,50%. El riesgo de necesitar tratamiento con ciclosporina o lifitegrast tópicos también fue más del doble. Vale la pena preguntar activamente por síntomas de superficie ocular en cualquier paciente con dolor crónico que llegue a consulta por otro motivo, incluso si no lo menciona espontáneamente, y considerar que buena parte de la explicación puede estar en los medicamentos que ya está tomando para el dolor —antidepresivos, opioides o anticonvulsivantes—, no solo en la condición de base, lo cual cambia si la conducta debe apuntar a lubricación o a revisar el esquema farmacológico junto con el equipo tratante.
El estudio bajo la lupa. Cohorte retrospectiva sobre la red TriNetX (2005-2025), con 538.364 pacientes por grupo tras emparejamiento por puntaje de propensión, más una cohorte de validación independiente de 506.763 pacientes por grupo restringida a catarata relacionada con la edad. La exposición fue cualquier diagnóstico de condición de dolor crónico antes de la visita índice; los controles no tenían diagnóstico de dolor crónico antes ni después. Los desenlaces evaluados fueron ojo seco incidente y ojo seco que requirió prescripción, a 1, 2 y 3 años. Riesgo relativo a 1 año: 4,64 (IC 95% 4,49-4,81). Riesgo relativo a 3 años: 4,78 (IC 95% 4,66-4,89). Hazard ratio ajustado en regresión de Cox multivariable: 4,85 (IC 95% 4,76-4,94). Los resultados fueron consistentes en la cohorte de validación.
Crítica metodológica. El diseño retrospectivo sobre historia clínica electrónica introduce un riesgo de detección diferencial: los pacientes con dolor crónico tienen, en promedio, más contacto con el sistema de salud, lo que aumenta la probabilidad de que un síntoma ocular leve termine codificado como enfermedad de ojo seco, independientemente de si existe una diferencia biológica real en la incidencia. Más relevante aún, el estudio no ajusta por el uso concurrente de fármacos con efecto secante bien documentado —antidepresivos, opioides, anticonvulsivantes—, que son de uso extendido precisamente en el manejo del dolor crónico. Esto deja abierta la posibilidad de que buena parte de la asociación observada refleje polifarmacia y no la condición de dolor crónico en sí misma. La consistencia del hallazgo en una cohorte de validación independiente con casi el mismo tamaño de efecto es tranquilizadora, pero no resuelve esta limitación de fondo, que los propios autores no discuten en profundidad. Sin conflicto de interés declarado.
2. Los implantes de corticoide y los fármacos anticomplemento triplican el riesgo de endoftalmitis frente al anti-VEGF
¿Por qué cambia el juego? El riesgo de endoftalmitis después de una inyección intravítrea no es el mismo según el fármaco que uses, y la diferencia es clínicamente relevante. Un análisis del registro IRIS con más de tres millones de inyecciones encontró una incidencia de endoftalmitis de 3,3 por 10.000 con anti-VEGF, frente a 12 por 10.000 con el implante de dexametasona, 10 por 10.000 con fluocinolona acetonide (Iluvien), y 6,6 por 10.000 con pegcetacoplan — es decir, un riesgo entre 2 y casi 4 veces mayor con estas alternativas. La explicación más plausible no es el fármaco en sí, sino cómo se administra: los implantes de corticoide requieren agujas de mayor calibre que las típicas de anti-VEGF, lo que crea una disrupción transitoria del globo ocular más prolongada, y los agentes anticomplemento como pegcetacoplan no vienen en jeringa prellenada, lo que obliga a preparar el vial justo antes de inyectar y multiplica las oportunidades de contaminación. Esto no significa evitar estos fármacos cuando están indicados, pero sí justifica una vigilancia aséptica más estricta —y una conversación de consentimiento informado más explícita sobre el riesgo— cada vez que uses un implante de corticoide o un agente anticomplemento, precisamente por el calibre de aguja y el método de preparación que exigen.
El estudio bajo la lupa. Cohorte retrospectiva sobre el registro IRIS® de la Academia Americana de Oftalmología, 3.172.489 inyecciones en 2.236.483 ojos de 1.615.382 pacientes, entre enero de 2016 y diciembre de 2024. Incidencia global de endoftalmitis: 3,5 por 10.000 (1 caso por cada 2.857 inyecciones). Por tipo de inyección: anti-VEGF 3,3 por 10.000; avacincaptad pegol 4,9 por 10.000; pegcetacoplan 6,6 por 10.000; fluocinolona acetonide (Yutiq) 8 por 10.000; fluocinolona acetonide (Iluvien) 10 por 10.000; dexametasona (Ozurdex) 12 por 10.000. Dentro del grupo anti-VEGF, brolucizumab tuvo una tasa de 0,728 casos por 1.000 ojos-mes frente a 0,248 con ranibizumab. Los ojos con antecedente de desprendimiento de retina tuvieron mayor probabilidad de endoftalmitis tras la inyección (odds ratio 1,71) tras ajustar por raza, etnia, sexo, tabaquismo e ingreso.
Crítica metodológica. Los casos de endoftalmitis se identificaron por código ICD-10, sin confirmación microbiológica — el estudio no puede distinguir con certeza endoftalmitis infecciosa real de inflamación intraocular estéril mal codificada, una limitación que los propios autores reconocen y que pesa de forma desproporcionada en el grupo de corticoides e implantes, donde la inflamación estéril es un diagnóstico diferencial genuino. Además, los grupos comparados no son poblaciones equivalentes: los implantes de corticoide y los agentes anticomplemento se usan en indicaciones, gravedad de enfermedad y contextos clínicos distintos al anti-VEGF, lo que deja abierta la posibilidad de confusión residual no completamente resuelta por el ajuste estadístico. Por último, y esto merece mención aparte: el manuscrito declara en portada "sin conflicto de interés", pero en la sección de divulgaciones financieras el autor correspondiente declara honorarios de consultoría de Apellis (fabricante de pegcetacoplan), Alimera (fabricante de fluocinolona acetonide) y Genentech y Regeneron (fabricantes de agentes anti-VEGF comparadores), entre otras compañías. El financiamiento del estudio —proveniente de un fondo institucional y dos fundaciones— no tuvo, según se declara, ningún rol en el diseño ni la conducción de la investigación, y los hallazgos no favorecen sistemáticamente a ninguno de los productos de las compañías mencionadas. Aun así, la discrepancia entre la declaración de portada y el detalle financiero del autor correspondiente es una inconsistencia que el lector debe conocer al evaluar el estudio.
3. Agregar dexametasona al anti-VEGF en edema macular diabético persistente mejora la anatomía, no la visión, y multiplica el riesgo de hipertensión ocular y catarata
¿Por qué cambia el juego? La combinación de dexametasona intravítrea con anti-VEGF reduce el grosor macular central de forma significativa frente al anti-VEGF solo —una diferencia media de 68,21 micras— pero esa mejora anatómica no se traduce en mejor agudeza visual a un mes: la diferencia entre grupos fue de apenas 1,29 letras, sin significancia estadística. A cambio, la terapia combinada multiplica por diez el riesgo de necesitar medicación antihipertensiva ocular y por más de cuarenta el riesgo de eventos relacionados con catarata. Esto no descarta la combinación como opción, pero sí obliga a elegir al paciente con criterio: considérala en pseudofáquicos que no responden a anti-VEGF solo, o en quienes tienen mala adherencia a inyecciones frecuentes o contraindicación sistémica para ellas, y sé más cauteloso en pacientes fáquicos, donde el riesgo de acelerar la progresión de catarata es más alto y puede terminar explicando por qué la visión no mejora aunque la mácula se vea mejor en el OCT.
El estudio bajo la lupa. Metaanálisis y revisión sistemática según PRISMA, registrado en PROSPERO, con búsqueda en PubMed, Embase, Web of Science y Cochrane hasta noviembre de 2023. Cuatro estudios incluidos —dos ensayos clínicos aleatorizados y dos prospectivos no aleatorizados—, 315 ojos en total: 161 con terapia combinada, 154 con anti-VEGF solo. Grosor macular central: diferencia media -68,21 micras (IC 95% -101,75 a -34,67; p<0,001), consistente tanto en el subgrupo de estudios observacionales como en el de ensayos aleatorizados. Agudeza visual mejor corregida: diferencia media 1,29 letras (IC 95% -2,91 a 5,49; p=0,55), sin diferencia significativa en ningún subgrupo. Eventos relacionados con presión intraocular: odds ratio 10,84 (IC 95% 2,38-49,26; p=0,002). Eventos relacionados con catarata: odds ratio 41,24 (IC 95% 5,12-332,68; p<0,001). El análisis de sensibilidad leave-one-out no mostró desviaciones relevantes de estos resultados.
Crítica metodológica. La base de evidencia es pequeña —solo cuatro estudios— y dos de ellos, los no aleatorizados, tienen riesgo de sesgo global "moderado" por posibles factores de confusión no controlados y selección potencialmente sesgada de los resultados reportados; son justamente los dos estudios que más pesan en el resultado de grosor macular. Los intervalos de confianza de los eventos adversos son extremadamente amplios —el de catarata va de 5 a más de 330— porque solo dos de los cuatro estudios reportaron ese desenlace y varios brazos de anti-VEGF solo tuvieron cero eventos: la dirección del efecto es creíble, pero la magnitud exacta no debe leerse como un dato preciso. Ningún estudio superó los 12 meses de seguimiento, por lo que el balance riesgo-beneficio a más largo plazo —particularmente la progresión de catarata en ojos fáquicos— sigue sin resolverse. Sin conflicto de interés declarado.
4. Entre tres plataformas de LIO tórica, la de háptica en placa muestra el triple de rotación clínicamente significativa que las de diseño en C
¿Por qué cambia el juego? La plataforma de lente intraocular tórica que elijas influye directamente en cuánto rota el lente después de la cirugía, y esa rotación puede arruinar la corrección del astigmatismo que tanto esfuerzo tomó calcular. En un ensayo aleatorizado que comparó tres plataformas comerciales, la de háptica en placa (AT TORBI 709M) tuvo rotación ≥10° en 12,2% de los ojos a los 3 meses, frente a 2,4% con Clareon Toric y apenas 1,2% con TECNIS Toric II. Solo el grupo de háptica en placa requirió reposicionamiento quirúrgico —4,4% de los ojos—, sin complicaciones asociadas a ese segundo procedimiento. La mayor parte de la rotación ocurre en las primeras 24 horas y se estabiliza dentro de la primera semana para las plataformas de diseño en C, mientras que la de háptica en placa tarda entre 2 semanas y un mes en estabilizarse — esto sugiere que la restricción de actividad física estricta debería ser más prolongada con esta última, y que si eliges una plataforma de háptica en placa en un ojo con distancia blanco-blanco mayor a 11,5 mm o lente cristalino grueso, vale la pena programar un control más temprano para detectar rotación antes de que se vuelva clínicamente significativa.
El estudio bajo la lupa. Ensayo clínico aleatorizado, prospectivo, multicéntrico, realizado en tres centros oftalmológicos de China. 274 ojos de 186 pacientes con astigmatismo corneal regular ≥1,00 D fueron aleatorizados a TECNIS Toric II (ZCU), Clareon Toric (CNW0T) o AT TORBI 709M (709); 256 ojos completaron el análisis final tras excluir 18 por pérdida de seguimiento o complicaciones intraoperatorias. La rotación se cuantificó por método fotográfico validado, con calificación por evaluadores enmascarados. Rotación ≥10° a los 3 meses: 1,2% (ZCU), 2,4% (CNW0T), 12,2% (709). En modelos mixtos multivariables, la distancia blanco-blanco se asoció con mayor rotación en los grupos CNW0T y 709 (ambos p<0,001), y el grosor del lente se asoció adicionalmente con mayor rotación en el grupo 709 (p=0,004); ningún factor biométrico alcanzó significancia en el grupo ZCU. Puntos de corte por análisis ROC: 11,8 mm de blanco-blanco para CNW0T; 11,5 mm de blanco-blanco y 4,49 mm de grosor de lente para 709.
Crítica metodológica. El estudio no fue enmascarado para pacientes ni cirujanos —el consentimiento informado exigía que el paciente conociera el modelo de lente antes de la cirugía—, aunque la calificación de rotación postoperatoria sí fue realizada por evaluadores enmascarados, lo que mitiga parcialmente ese riesgo. El número de ojos con rotación grande a los 3 meses fue tan pequeño que los propios autores tuvieron que redefinir el umbral de "rotación significativa" de ≥10° a >5° solo para poder correr el análisis de curva ROC — los puntos de corte biométricos derivados de ese análisis deben leerse con esa salvedad, no como umbrales definitivos. Todos los participantes fueron reclutados en una única región geográfica de China, lo que limita la generalización a otras poblaciones étnicas y anatómicas. Sin conflicto de interés declarado.
5. Un mayor número de cuadrantes con iris en meseta o una PIO basal más alta predicen qué ojos sospechosos de cierre angular progresan a cierre angular real
¿Por qué cambia el juego? No todos los ojos con sospecha de cierre angular primario progresan a cierre angular primario, y ahora hay factores biométricos concretos para identificar cuáles sí lo harán. En un análisis post hoc de un ensayo aleatorizado con 5 años de seguimiento, los ojos con presión intraocular basal más alta o con mayor número de cuadrantes de iris en meseta en la biomicroscopía ultrasónica (UBM) tuvieron mayor riesgo de progresar a cierre angular real. Un espacio trabecular-iridiano más estrecho en la tomografía de coherencia óptica de segmento anterior (AS-OCT) y la presencia de iris en meseta fueron, con claridad, los hallazgos que mejor distinguieron a los ojos que progresaron de los que no. Esto da una razón concreta para pedir AS-OCT o UBM en pacientes con sospecha de cierre angular que tengan PIO basal elevada, en lugar de limitarse a la gonioscopia: esos hallazgos biométricos identifican a los pacientes que necesitan seguimiento más estrecho, incluso después de una iridotomía periférica con láser (LPI), porque la mitad de los ojos que progresaron en el estudio ya habían sido tratados con LPI y progresaron de todas formas cuando tenían iris en meseta.
El estudio bajo la lupa. Análisis post hoc del ensayo Singapore Asymptomatic Narrow Angles-Laser Iridotomy Study, realizado en 5 hospitales oftalmológicos terciarios entre noviembre de 2004 y octubre de 2018. De los 480 participantes originalmente enrolados, 161 (33,5%) tuvieron AS-OCT y UBM basales completos y fueron incluidos en este análisis; edad media 62,9 años, 76,4% mujeres. La progresión se definió como desarrollo de cierre angular primario: presión intraocular mayor a 24 mmHg y/o al menos un sector horario de sinequias anteriores periféricas, o un episodio de cierre angular agudo. Progresaron 16 de 322 ojos (5,0%): 7 habían recibido iridotomía periférica con láser y 9 no. En el modelo multivariable de Cox ajustado por PIO basal, el área del espacio trabecular-iridiano (TISA750) tuvo un hazard ratio de 3,1 por cada 0,1 mm² de reducción (IC 95% 1,3-7,5; p=0,02), y la presencia de iris en meseta en al menos un cuadrante tuvo un hazard ratio de 11,1 (IC 95% 3,3-37,7; p=0,001). Un modelo adicional ajustado también por curvatura del iris confirmó ambas asociaciones: TISA750 HR 3,3 (IC 95% 1,3-8,6; p=0,02), iris en meseta HR 12,5 (IC 95% 3,8-40,4; p<0,001).
Crítica metodológica. Solo 161 de los 480 participantes originalmente enrolados en el ensayo tuvieron AS-OCT y UBM basales completos —un tercio de la cohorte original—, lo que introduce la posibilidad de sesgo de selección si los pacientes con estas imágenes disponibles diferían sistemáticamente de quienes no las tuvieron. El número absoluto de eventos de progresión es pequeño (16 ojos), lo que genera intervalos de confianza amplios en varias de las estimaciones —el de iris en meseta va de 3,3 a 40,4— y limita la posibilidad de ajustar por más de un par de covariables a la vez sin sobreajustar el modelo. El diseño post hoc, aunque parte de un ensayo aleatorizado bien conducido, significa que este análisis específico no fue prespecificado con el mismo rigor que el desenlace primario del estudio original, y debe leerse como generador de hipótesis para estratificación de riesgo, no como validación definitiva de un algoritmo de decisión clínica. Sin conflicto de interés declarado.
6. Nuevas tablas de percentiles permiten identificar elongación axial atípica en niños y adolescentes
¿Por qué cambia el juego? Ahora existe una referencia poblacional de longitud axial por edad y sexo, construida con más de medio millón de mediciones, que permite ubicar a un niño individual dentro de una curva de crecimiento ocular esperado — algo similar a lo que ya haces con las curvas de peso y talla en pediatría general. Un niño cuya longitud axial esté en un percentil alto para su edad y sexo puede estar mostrando elongación axial atípica antes de que el equivalente esférico lo muestre, lo que da una ventana más temprana para intervenir en control de progresión miópica. La mayoría de los datos que construyeron esta tabla provienen de Asia Oriental, con una porción mucho menor de Europa y Australia, y ninguna de Latinoamérica. Por eso, si usas esta referencia en tu consulta, hazlo como una guía orientativa de la forma general de la curva, no como un estándar validado específicamente para tu población, y ten en cuenta que las diferencias regionales fueron mayores justo en los percentiles altos, que son los que más te interesan para identificar riesgo de progresión miópica.
El estudio bajo la lupa. Análisis de cohorte poblacional agrupada con datos individuales de estudios poblacionales y escolares del consorcio CREAM-Kids, con datos recolectados entre 1999 y 2024. 147.404 niños y adolescentes, 559.799 mediciones de longitud axial. Distribución: 84% Asia Oriental (6-18 años), 12% Europa (6-21 años), 4% Australia (6-21 años). En mujeres, la longitud axial del percentil 50 a los 7 años fue 22,35 mm en Europa y Australia frente a 22,67 mm en Asia Oriental; a los 18 años, 23,31 mm frente a 24,36 mm. Las diferencias regionales fueron mayores en los percentiles más altos: a los 7 años, la diferencia entre Asia Oriental y Europa/Australia fue de 0,33 mm en el percentil 3 y 0,50 mm en el percentil 97; a los 18 años, esas diferencias crecieron a 0,73 mm y 1,27 mm respectivamente. Las curvas de percentiles modeladas coincidieron con los valores empíricos con correlación intraclase mayor a 0,99 y sesgo mínimo (-0,08 mm a 0,04 mm) en todos los subgrupos.
Crítica metodológica. La distribución de la muestra está fuertemente sesgada hacia Asia Oriental (84% de los participantes), sin representación de Latinoamérica ni de otras regiones fuera de Asia Oriental, Europa y Australia — el término "global" en el título del estudio debe leerse con esa salvedad. Los rangos de edad cubiertos difieren por región (6-18 años en Asia Oriental frente a 6-21 años en Europa y Australia), y los datos abarcan 25 años de recolección, lo que introduce la posibilidad de variabilidad por cambios en los equipos de biometría óptica utilizados a lo largo de ese periodo, un punto que el estudio no aborda explícitamente. Los propios autores reconocen que los datos no provienen exclusivamente de cohortes poblacionales, lo cual matiza cuánto puede generalizarse esta referencia más allá de las poblaciones específicamente representadas. Sin conflicto de interés declarado.
7. El tabaquismo activo predice la progresión a retinopatía proliferativa más avanzada en pacientes con células falciformes
¿Por qué cambia el juego? El tabaquismo activo en el momento del diagnóstico de retinopatía proliferativa por células falciformes casi triplica el riesgo de que la enfermedad avance a un estadio más grave. En una cohorte con más de una década de seguimiento, ni la edad al diagnóstico, ni el sexo, ni el genotipo, ni el uso de hidroxiurea, ni las transfusiones, ni el trasplante de médula ósea se asociaron con progresión — el tabaquismo activo fue el único factor de riesgo modificable identificado con claridad. Esto da un mensaje simple y accionable para la consulta: en cualquier paciente con retinopatía falciforme proliferativa, preguntar activamente por tabaquismo y ofrecer apoyo para dejarlo no es un consejo genérico de salud general, es una intervención con impacto directo sobre el pronóstico retiniano, y esos pacientes fumadores merecen un seguimiento oftalmológico más frecuente que quienes no fuman.
El estudio bajo la lupa. Cohorte retrospectiva de un solo centro (Wilmer Eye Institute), 317 pacientes y 620 ojos evaluados entre julio de 2013 y junio de 2023. La estadificación se realizó con angiografía con fluoresceína o fotografía de campo ultra-amplio siguiendo la clasificación de Goldberg. Se usaron modelos de riesgos proporcionales de Cox para identificar factores asociados a progresión. La progresión ocurrió en 10,7% de los ojos con retinopatía no proliferativa basal (mediana de seguimiento 7,8 años) y en 17,0% de los ojos con retinopatía proliferativa basal en riesgo de avanzar (mediana de seguimiento 11,1 años). El tabaquismo activo en el momento del diagnóstico de retinopatía proliferativa se asoció con progresión a un estadio más avanzado con un hazard ratio de 2,78 (IC 95% 1,50-5,16; q ajustada por Benjamini-Hochberg = 0,005). Ningún otro factor evaluado —edad al diagnóstico, sexo, genotipo, uso de hidroxiurea, transfusiones, recambios crónicos de glóbulos rojos, trasplante de médula ósea, historia de tabaquismo a lo largo de la vida— alcanzó significancia estadística.
Crítica metodológica. El diseño retrospectivo depende de que el estatus de tabaquismo esté correctamente documentado y actualizado en la historia clínica electrónica en el momento específico del diagnóstico de retinopatía proliferativa — un dato notoriamente propenso a subregistro o desactualización en la práctica real, y el estudio no describe cómo se verificó ese dato más allá de lo consignado en el registro. Al ser un centro único de referencia terciaria, la generalización a poblaciones fuera de un centro de alto volumen no está garantizada. El hallazgo de que ninguna variable relacionada con el tratamiento sistémico de la enfermedad de base —hidroxiurea, transfusiones, trasplante— se asoció con progresión limita el valor del estudio para guiar decisiones terapéuticas más allá del cese del tabaquismo; no ofrece una hoja de ruta de estratificación de riesgo basada en el manejo hematológico. Sin conflicto de interés declarado.
8. Un nuevo signo en la tomografía de coherencia óptica permite reconocer retinitis infecciosa periférica con alta especificidad
¿Por qué cambia el juego? El signo de la estalagmita —un patrón de depósitos preretinianos elongados y elevados en la tomografía de coherencia óptica, correspondientes a lesiones nodulares paravasculares en la reflectancia infrarroja— identifica retinitis infecciosa periférica con una especificidad del 99,1% en pacientes con uveítis posterior. En la serie que describe este signo, más del 95% de los ojos que lo mostraron tenían una causa infecciosa confirmada: toxoplasmosis en la mayoría de los casos, seguida de retinitis herpética, sífilis ocular y endoftalmitis fúngica. Cuando veas este patrón en un paciente con uveítis posterior, la conducta debe ser activa: evaluación completa de la retina periférica, PCR intraocular, y tratamiento antimicrobiano — evitando la monoterapia con corticoide, que puede precipitar una necrosis retiniana fulminante si la causa de fondo es infecciosa y no se cubre primero con el antimicrobiano adecuado. La PCR intraocular es especialmente recomendable en casos con incertidumbre diagnóstica, porque cuando este signo está presente, la probabilidad de que la PCR resulte positiva es alta.
El estudio bajo la lupa. Serie de casos retrospectiva multicéntrica con análisis de precisión diagnóstica, en centros de referencia terciaria en uveítis. 46 ojos de 44 pacientes con el signo, evaluados entre enero de 2024 y diciembre de 2025, más 360 ojos comparadores sin el signo (148 con uveítis posterior infecciosa, 212 no infecciosa) para el análisis de precisión diagnóstica, total 406 ojos. Etiología infecciosa confirmada en 44 de 46 ojos con el signo (95,7%): toxoplasmosis 69,6%, retinitis herpética 15,2%, sífilis ocular 6,5%, endoftalmitis fúngica 4,3%. Retinitis periférica en 76,1% de los ojos, retinitis de polo posterior en solo 17,4%. Especificidad 99,1% (IC 95% 96,7-99,7%), valor predictivo positivo 95,7% (IC 95% 85,5-98,8%), razón de verosimilitud positiva 24,5. Sensibilidad 22,9% (IC 95% 17,5-29,4%). La PCR intraocular fue positiva en los 18 ojos en que se realizó. Los depósitos se resolvieron dentro de los 3 meses de tratamiento antimicrobiano. La agudeza visual media mejoró de 0,64 a 0,43 logMAR en un seguimiento promedio de 9,7 meses.
Crítica metodológica. La sensibilidad del signo es baja (22,9%), lo que significa que su ausencia no descarta retinitis infecciosa periférica — el valor clínico de este hallazgo está en su alta especificidad y razón de verosimilitud positiva cuando está presente, no en su capacidad de excluir la enfermedad cuando falta. La PCR intraocular solo se realizó en 18 de los 46 ojos con el signo, no en la totalidad de la serie, lo que limita la fuerza de la afirmación de que el signo predice positividad de PCR — el dato es sugerente pero proviene de un subgrupo, no de la cohorte completa. Dos casos con el signo fueron no infecciosos (post-remoción de aceite de silicona, con resolución espontánea), lo que confirma que el signo no es enteramente específico de infección y requiere correlación clínica. Al ser un estudio multicéntrico realizado exclusivamente en centros de referencia terciaria en uveítis, el rendimiento diagnóstico observado podría no replicarse en un entorno de práctica general, donde la prevalencia previa de retinitis infecciosa es distinta. Sin conflicto de interés declarado.
